
Tras cinco días de paralización de actividades, el país intenta volver a su rutina normal en medio de estrictas medidas.
Parece un día cualquiera, pero no lo es. Los autobuses y el metro van llenos. Hay tráfico, ruido, contaminación, filas, burocracia, impaciencia, estrés. Personas comiendo tacos en algunas esquinas. Sí, un día de semana en el Distrito Federal. Pero… no tan normal.
Muchas personas llevan mascarilla en el rostro y, aunque los restaurantes abrieron sus puertas, sólo están funcionando al 50% de su capacidad.
Pocos se dan la mano, o se saludan con un beso. Y al subirse a cualquier ascensor de un edificio, todos desconfían de todos. Es que cualquiera puede ser portador del virus de influenza que ha dejado 42 víctimas fatales y más de 1.000 contagiados en las últimas semanas.
La venta de jabón, cloro, desinfectantes y productos antibacteriales se ha ido a las nubes.
Tras cinco días de paralización y una especie de arresto domiciliario voluntario, este jueves vuelven a funcionar las escuelas secundarias, universidades, servicios públicos y centros comerciales en la capital del país.
Related posts:









